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Advierten que las reservas del BCRA son el «talón de Aquiles» para que Argentina pueda crecer

El Banco Mundial mejoró las perspectivas de crecimiento de Argentina para el 2022 y pasó del 3,6% al 4,5%. Esta mejora del PBI se ubica por encima de lo previsto por los analistas consultados en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado por el Banco Central que, por el contrario, redujeron su proyección a un alza del 3,3%.

Es que, tal como destacaron distintos economistas consultados, la disponibilidad de reservas, en el marco del acuerdo con el FMI, puede suponer un freno al ritmo de la actividad, que, en ese escenario, crecería incluso por debajo del 4% que se proyectaba sólo por el “arrastre estadístico” que dejó el 2021.

“El pronóstico del Banco Mundial es más parecido al del acuerdo con el FMI, que es entre 3,5% y 4,5%”, señaló a Ámbito el economista de Equilibra Lorenzo Sigaut Gravina, quien de todas formas aclaró: “No vemos margen para ese crecimiento. De hecho, el REM ajustó a la baja el último, a 3,3% el crecimiento para 2022”.

“Me parece que hay un punto complejo por el lado de las reservas, creo que es el Talón de Aquiles de la economía argentina, porque tiene un nivel de reservas netas bajas y uno de los compromisos, que empieza a verse difícil que cumpla el BCRA del acuerdo con el FMI, es acumular reservas netas. Con los desembolsos del propio Fondo, que pueden contabilizarse como reservas netas, y préstamos de organismos internacionales, eso nos va a dar los u$5.800 millones que deberíamos acumular este año. Y la realidad es que estamos acumulando menos. El Banco Central, incluso en época de liquidación alta de la cosecha gruesa, está teniendo compras bajas para el momento”, remarcó Sigaut Gravina.

En ese escenario, el analista señaló que incluso “hoy no está claro si van a estar los dólares” para mantener el nivel de actividad de fines del año pasado, “que podría dar un crecimiento del 4%”. “Si es que no se van a aumentar las restricciones a las importaciones, que pueden generar problemas de abastecimiento en algunos sectores, más inflación, más caída del nivel del poder adquisitivo y más caída del nivel de actividad”, señaló.

“Así que la sensación hoy es que el nivel de actividad va a descender en términos desestacionalizados en lo que resta del año. Porque el arrastre estadístico que cerró el 2021 da un crecimiento del 4% para este año, cuando el REM habla de 3,3% está viendo de que en términos desestacionalizados va a haber una leve contracción. Y nosotros la creemos incluso un poco por debajo”, concluyó.

Por su parte, desde Ecolatina ajustaron al alza su estimación de crecimiento de PBI para 2022 al 4%. “Si bien las perspectivas para la economía real no mejoraron sustancialmente -y la mejora en la estimación fue principalmente producto del mayor arrastre estadístico que arrojaron los nuevos datos-, la proyección es consistente con un escenario en el que la mayor nominalidad no sólo no golpea a la actividad en el corto plazo, sino que el sesgo pro-consumo presente que conllevan los procesos de aceleración inflacionaria, en conjunto con el esfuerzo por sostener los ingresos reales le ponen un soporte al consumo de las familias”, señaló al respecto Santiago Manoukian, economista de la firma.

“Ahora bien, la acelerada recuperación de 2021/inicios 2022 no fue gratis: en buena medida pudo concretarse gracias a que el marcado crecimiento de las exportaciones, principalmente por efecto precio, permitió sostener un aún mayor incremento en las importaciones, tendencia que se consolida en lo que va del año, a la que se suman el salto en el precio de la energía, la mayor salida de divisas por turismo y el incremento en las erogaciones en fletes”, agregó el analista, quien remarcó: “Es decir que el problema no es tanto de oferta, sino de demanda, de forma tal que de cara al segundo semestre, cuando la oferta de divisas decae sustancialmente por motivos estacionales, el panorama se complicará: la meta de acumulación de reservas le pone un tope al nivel de importaciones que se pueden pagar con el actual nivel de oferta de divisas, sobre todo al descontar que las compras de energía crecerán fuertemente, sumado al salto de la inflación global, el encarecimiento de los fletes y el recalentamiento del déficit turístico. Prevemos que el Gobierno se enfrentará al trade-off entre sostener el actual nivel de importaciones y, con ello, la reactivación, o cumplir con el compromiso asumido. No vemos que existan divisas para atender ambos frentes”.

En tanto, tal como señaló Eugenio Marí, Economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso, “con términos de intercambio récord, sería lógico pensar que Argentina crezca aún más” del 4% que se espera por el arrastre estadístico. “Sin embargo, es poco probable que esto ocurra. Para este año, desde la Fundación Libertad y Progreso proyectamos un crecimiento del 3,4%. Esto porque vemos que la economía está tocando su techo en términos del nivel de actividad y porque cada vez se notan más las inconsistencias del modelo económico”, agregó.

“Inflación creciente, apreciación persistente y artificial del tipo de cambio real, empresas que frenan la producción por falta de insumos, cada vez más regulaciones sobre las exportaciones, falta de infraestructura imprescindible para la producción. Nada de esto contribuye al crecimiento. En el primer semestre el rebote remanente de la economía y la liquidación histórica de divisas por exportaciones cereales y oleaginosas ayudó a que estos efectos no se viesen, pero a medida que entramos en la segunda mitad del año empezarán a golpear el nivel de actividad”, detalló Marí.

Un crecimiento mayor

Para Sergio Chouza, director de la consultora Sarandí, el crecimiento de la actividad este año se ubicaría por encima de las proyecciones del REM y lo que marcan los organismos multilaterales. “Creo que lo crítico es la provisión de dólares para el sector productivo. Y, para eso, hay una priorización que es muy a conciencia, que se mantiene y no hay dudas de que se va a poder sostener en los próximos meses. Porque va a haber dólares para importar maquinarias, insumos y componentes. Desde el Banco Central hubo cierta aceleración en los pagos de energía para llegar bien al invierno, abastecidos con las importaciones, pero hay colchón de liquidaciones del sector oleaginoso, que en la segunda parte del año van a mantener cierta oferta de dólares constante. Así que la estacionalidad que siempre se suele mencionar para el segundo trimestre del año, se va a reducir bastante. Eso, desde mi visión, garantiza la provisión de dólares para el sector productivo. Y el sector productivo podría seguir abasteciendo a la demanda que, pese a la elevada inflación, sigue pujante”, señaló el economista.

“Así que creo que para este año se verá un crecimiento del 5% como piso. Es nuestro escenario, bastante conservador. Es posible que esté entre el 6% que dijo el Presidente hace unas semanas y el 5%”, concluyó.

Fuente: Ámbito.

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