La Papa

Argentina dio un recital de fútbol en Wembley

«¿Puede alguien encontrarme alguien a quien amar?», cantaba Freddie Mercury 36 años atrás en el mítico Wembley. Y los más de 90 mil fanáticos privilegiados de ser testigos de ese concierto antológico de la historia del rock mundial coreaban la letra y se enloquecían con la potencia de Queen. No es la misma estructura, claro, pero en este mismo escenario y en un recital de fútbol puede asegurarse que la respuesta a la pregunta de la canción del inmortal Freddie al fin encontró una respuesta. Cuando digan que ya no tengas sentido común y que ya no tengas a nadie en quién creer, como se parafrasea en el bellísimo tema de la banda británica, ahora tenés a quien amar: a Lionel Messi y a La Scaloneta.

Es una especie de magia que envuelve a los futboleros argentinos que coparon más de la mitad de las 90 mil ubicaciones de Wembley. El equipo argentino sigue enamorando corazones y ganándose elogios. En la Finalissima contra Italia, el campeón de la última Eurocopa, los futbolistas de Lionel Scaloni saldaron una de las pocas cuentas pendientes que tenían: medirse ante un rival europeo. Y fue con absoluto éxito. La Argentina demostró ser un rock and roll potente y contundente, goleó por 3-0 (pudo ser mayor) para ganar el segundo título oficial en esta nueva era, aumentar el invicto a 32 partidos y, sobre todo, ratificar que va por el camino adecuado hacia Qatar.

Es una loca cosita llamada amor ver jugar a Lionel Messi. Un encantador de multitudes que con su danza sobre tapones de aluminio deja embobados hasta a los defensores de enfrente. Un maestro del engaño es el rosarino. Si lo sabrá Giovanni Di Lorenzo, que lo fue a buscar por un lado y el 10 le salió por el otro con un quiebre de cintura casi de contorsionista. Se aguantó a la carrera su embestida y cuando vio el hueco le dio la asistencia a Lautaro Martínez que hizo un gol de goleador, apareciendo entre los centrales. Nobleza obliga, esa jugada nace de la presión de Nicolás Tagliafico y un pase de Giovani Lo Celso.

Antes, hubo un partido de 27 minutos bastante nivelado en el que Italia, que presentó a sus mejores hombres aunque con las ausencias obligadas de Immobile, Chiesa, Verratti e Insigne, quiso enfrentarse de igual a igual a la Argentina. Y con sus armas pudo poner en aprietos por algunos instantes a la defensa albiceleste. Un par de remates que probaron a un atento Emiliano Martínez. Un desborde de Federico Bernardeschi por la derecha que cerró justo Cristian Romero.

Pero no le alcanzó a la Italia de Roberto Mancini, que tiene la herida abierta de la no clasificación al Mundial, a manos de Macedonia del Norte. Y ante el primer golpe, se desmoronó por completo. Le pasó en suelo inglés, en la tarde-noche londinense que se mostró atipicamente despejada. Ni las ganas de Nicoló Barella, ni los intentos de Giacomo Raspadori sirvieron de mucho. No contra una Argentina avasallante que apenas pudo, hizo otro gol.

Lautaro fue de nuevo protagonista. Sacó Martínez del arco y el delantero bancó la marca de Leonardo Bonucci, giró y se la entregó a Angel Di María para que definiera de cara a su excompañero, Gianluigi Donnarumma, como él sabe: por arriba.

La Selección mantuvo su plan de siempre. El de la presión alta. El de encontrar toques cortos y si se puede, buscar el pase largo para sorprender como le gusta hacer a Rodrigo De Paul, de buen despliegue. Faltó algo, sí: el gol de Messi.

Lo buscó el capitán albiceleste. Tuvo varias chances, algunas claritas. Pero Donnarumma no le permitió darse el gusto de redondear una noche en la que se puso la corona de todas formas porque comandó todos los avances del equipo. El último, que pudo hacer sido de Leo, lo hizo Paulo Dybala, uno que necesita sumar porotos de cara a la lista mundialista.

Scaloni y los hinchas argentinos pueden estar tranquilos. Tienen a alguien a quien amar. God save de King. Dios salve a Messi, el Rey de Wembley que llevó a la Selección a otra celebración y se ilusiona pensando en noviembre. «We are the champions…»

Fuente: Clarín.

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