El riesgo país baja porque Cristina Fernández está perdiendo poder

El fiscal Diego Luciani le dio hoy una excelente noticia al próximo ministro de Economía de la Nación, Sergio Massa y, como a él, a la casi totalidad del votante independiente del Frente de Todos que compró ese formato porque no sólo había creído en que volverían mejores sino también que entre Massa y Alberto Fernández iban a «domesticar» a Cristina Fernández de Kirchner.

No sucedió, por supuesto, y cada vez que se producían episodios políticos afines al pensamiento u orientación pretendida por la expresidenta todo se iba un poquito más abajo en materia económica. Todos lo sabían. Pero, como en el cuento del Rey está desnudo, no había un niño sin miedo ni conciencia para decir la verdad.

Que Pablo Moyano diga que «Massa es la última garantía de éxito que tenemos para volver a ganar en 2023» deja en claro que ya quedaron en el camino esas hermosas preguntas que se formulaban él y otros miembros del espacio sobre el para qué seguir en el gobierno. No importa nada más que ganar, ya sea con un capitalista salvaje o con una revolucionaria de Abelardo Ramos.

Es más que obvio que el futuro ministro jamás podrá decir nada ni demostrar alegría por lo que le está pasando a quien le permitió llegar ahí. Pero en el fondo, él y fundamentalmente sus socios en materia económica saben que sin ella en la centralidad del poder no sólo puede bajar el riesgo país, que a todas luces puede pasar a ser un «riesgo Cristina», sino que otras variantes económicas podrían empezar a encaminarse simplemente porque habrá un «pido» que antes no había por el permanente obstáculo que generaba ella y su hijo Máximo Kirchner.

Es que Máximo, Cristina, los Moyano y otros tantos que no lo quieren o lo miran con igual desconfianza que más del 60% de la población, saben que sin su éxito ellos tendrán más problemas que el atrevido y siempre despierto funcionario nacional. Hasta pasa a ser un mérito que maneje la agenda del poder y de los grupos económicos. Fue hasta una «bendición» para Malla que ella lo haya sentado en la otra punta de la mesa, a varios metros de distancia, en la fría foto de hoy en el Senado.

Eso que hoy es una fortaleza era motivo de burla, acusaciones de vende patria y empleado de la Embajada norteamericana hasta no hace mucho. Basta observar las consideraciones de la actual vicepresidenta o de sus aliados cuando competían contra Massa tiempo atrás. Todo cambió. ¿Cambió? Es algo que en un partido donde se rinde un culto a la lealtad no queda claro nunca ya que la traición está a la vuelta de la esquina.

No pocos compañeros de ruta del futuro funcionario tomaron nota del maltrato que recibió Daniel Scioli en la conferencia de prensa de despedida del Ministerio de Desarrollo Productivo. En cuarenta segundos Massa fue todo lo fulminante que puede ser con alguien a quien no quiere. En eso se parece a Néstor Kirchner más que a Carlos Menem.

Sin embargo, en lo sucedido con el ex gobernador puede haber una explicación mucho más lisa y llana. Lo mal que lo pasó la familia Galmarini – Massa en las jornadas de 2013 cuando, en plena campaña electoral, le entraron a robar a su casa y el entonces jefe provincial ni se solidarizó. Malena nunca se olvidó y, quizás, la de Sergio fue una muestra de amor a su esposa, ante todas las cosas. Desde el kirchnerismo hablaban de «montaje» y cosas por el estilo.

El descenso acelerado en los peldaños de poder de Cristina Fernández de Kirchner fueron hoy argumentados por Luciani cuando explicó que ella continuó con el mecanismo armado por su esposo poco antes de asumir por primera vez la Presidencia. Una provincia que no llega a tener el 1% del presupuesto nacional recibía el 12% en obras públicas y sólo terminaba la mitad.

Nadie más volvió a hablar de proscripción si ella es condenada, como también desapareció del análisis el adelantamiento electoral por la crisis de poder. Todo se puede dar vuelta, obviamente, pero mientras Cristina más lejos esté de la zona de la toma de decisiones, más tranquilidad habrá y el riesgo país, entre otras tantos datos económicos, empezarán a ser menos hostiles para el país.

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