Grabois, avalado por Cristina Kirchner, amenaza a Alberto Fernández

Juan Grabois sabe que este podría irse antes o adelantar elecciones, es decir, que hoy en Argentina puede pasar cualquier cosa.

Ayer, una simple ronda de mensajes a las 21 nos decían a algunos periodistas que el presidente no descarta irse y que el agotamiento es total. Que el presidente amenaza con irse no es nuevo, nos lo cuentan en off hace meses distintos dirigentes oficialistas y opositores. Grabois amenazó horas antes sabiendo esto, lo sabía antes de decir que está dispuestos él y algunos gauchos más a dejar su sangre en las calles para bajar la pobreza. Son versiones que peligrosamente usa el piquetero de cabecera de Cristina Fernández de Kirchner.

El cascarón de proa de sus ataques es el Salario Universal Básico, pero el meollo es que el peronismo perdió la sensibilidad que le dio origen y sentido de ser, aumentó los pobres, vació las cajas del Estado y se corrompió hasta robarse vacunas en una pandemia; y ahora faltan más de quince meses para el recambio presidencial y la sensación del propio Gobierno y de la oposición es que es demasiado tiempo.

El peligro que entraña la amenaza de Grabois es integral, todos saben que el joven sanisidrense tiene llamadas y contactos con el poder más alto del país. Tanto el Papa Francisco, como Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández, importantes empresarios, gremialistas, todos tienen el contacto de Grabois en su teléfono y mantienen vínculo con el dirigente social. Así entonces, la amenaza del joven, más preparado académicamente que el 90% de la clase dirigente y gremial está absolutamente premeditada y algún mal pensado podría pensar que fue consensuada.

Más gente en la calle, más marchas, miles de marchas, marchas a diario, con Grabois gritando afónico, pidiendo bajar la pobreza a como dé lugar. Un reclamo por demás genuino y democrático, pero el problema es que quien empobrece los sectores más pobres, es quien él militó diez minutos antes en términos históricos.

Quienes escuchan sus palabras lo saben indómito y visceral, empezando por Cristina Fernández de Kirchner. ¿No es entonces la propia presidente del Senado la que pone en riesgo la democracia, la institucionalidad, alentando marchas y declaraciones a diario en contra de su propio Gobierno? Grabois sabe que tiene el visto bueno del Instituto Patria y de Cristina para decir cualquier cosa en contra de Alberto, de hecho ayer se cuidó el joven de no mencionar críticamente a la vicepresidenta y faltarle el respeto a Alberto. Revolucionario y medido. “Alberto sólo quería ser expresidente, no otra cosa, desde el día que asumió”, dijo a MDZ un funcionario con despacho en Casa Rosada.

La calidad institucional empezó a romperse cuando el Gobierno se encerró a brindar con champagne y armó un club VIP para vacunarse mientras sus votantes y todos los ciudadanos no podían vacunarse y despedían sus seres más queridos por video. Después de eso, el desastre económico, el desgaste tortuoso de Cristina a Alberto alentando a sus militantes a que se rían de él como los romanos en el circo, colaboraron con este escenario de absoluta fragilidad democrática. Alberto, dicen, llora e intenta buscarle la vuelta. La democracia en su mínima expresión, la que los políticos le exige a la sociedad que cuide, está en manos de quienes la horadan sistemáticamente con peleas de palaciego. Será el catalizador Grabois el que tranquilice o detone la crisis social, no sin la aprobación de Cristina Fernández de Kirchner, quien sabe mejor que nadie y puede elegir qué día se termina el actual periodo democrático de Gobierno.

Fuente: MDZ.

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