¿Vuelve Manzur a Tucumán? Reina la desconfianza y la resignación en el Frente de Todos

Los gobernadores ya se dieron cuenta. La Liga de Gobernadores no tiene razón de ser porque entre ellos reina también la desconfianza. Todos decidieron desdoblar las elecciones provinciales y también tomaron nota que el único beneficiado de la reconfiguración de la mesa del poder seguirá siendo el mismo de siempre, el jefe de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, el elegido de Cristina Fernández de Kirchner.

«La vice toma nota que no puede hacer más de lo que está haciendo. Ella ahora forzó la renuncia de Martín Guzmán, quien a su vez estaba más solo que nadie en el gobierno. Pero ninguno logra imponerse y eso dificulta el día a día de la gestión», reveló un hombre de mucha confianza del jefe de Gabinete de la Nación, Juan Manzur.

Este intendente tucumano traduce lo que habló ayer con Manzur y habla cotidianamente con todos sus colegas, con quienes tienen que hacer equilibrio con la gestión de Osvaldo Jaldo. Saben que la vuelta del jefe político de la provincia está a la vuelta de la esquina.

Juan José Mussi, Alberto Descalzo y Julio Pereyra, los más antiguos y experimentados intendentes peronistas que trascendieron las diferentes etapas políticas que atravesaron los seguidores de Juan Domingo Perón desde las épocas de Carlos Menem hasta La Cámpora y Cristina Fernández de Kirchner, fueron a hablar nuevamente con Alberto Fernández. Lo encontraron tranquilo, pero no quisieron dar más detalles. Esta semana volverán a juntarse.

Los referentes de Berazategui, Ituzaingó y Florencio Varela son los últimos representantes de una vieja guardia de intendentes que, a pesar de las diferencias internas que tenían, actuaban como un solo cuerpo a la hora de fijar una postura política y compartían, por su cohesión, las decisiones más trascendentales de los gobiernos nacional y provincial en las gestiones de Duhalde, Menem, Antonio Cafiero, Néstor Kirchner, Felipe Solá y los albores de Daniel Scioli. Con Cristina Fernández de Kirchner era a través de Julio De Vido que podían acercar sus puntos de vista.

Conocedores de todo lo que ocurre en torno de la dupla presidencial reconocen que, si bien tomaron nota que «todo se puede ir al carajo», no saben bien cómo seguirán administrando las tensiones existentes. «Si fuera por Cristina Fernández de Kirchner, ya lo hubiera resuelto sacando no sólo al ministro, sino declarando un nuevo default», soltó otro jefe comunal que habló con uno de ellos el último viernes.

Un amigo de los tres, que no puede entender cómo ellos y el resto de los dirigentes que respaldan al oficialismo pueden seguir callados sin complotar contra la dupla presidencial, entiende que todo esto pasa porque «este es un gobierno que no es peronista pero que tiene peronistas inerciales en su integración».

«A los gobiernos se los mantiene con proyectos o intereses. Este está repleto de lo segundo y sin nada de lo primero», terminó su amarga reflexión. Amigo de Jorge Argüello, recibió en su casa a Néstor Kirchner y siempre lo que consiguió fue merced de la pelea o el forcejeo. Igual que él piensa un ministro nacional que, días atrás, confesó que lo único que está viendo es que en medio de semejante descalabro «algunos compañeros ya empiezan a ver qué se pueden llevar de la casa del difunto».

Una foto que refleja el momento por el que atraviesa el oficialismo y cada uno de los espacios que lo integra se mostró en el microestadio de Argentinos Juniors, en La Paternal, en el congreso del Movimiento Evita en el que todos los discursos iban dirigidos contra Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner, pero nadie los nombraba.

«Acá estamos los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode», gritaban más de 2.000 referentes de los movimientos sociales que escucharon cómo piensan sus dirigentes, enfrentados contra «aquellos que nos quieren hacer desaparecer». Esteban «Gringo» Castro, sin mensajes subliminales, aseguró que «vienen contra nosotros porque hemos crecido, porque somos fuertes, porque estamos dispuestos a combatir, por eso vienen por nosotros».

Todos los discursos estaban envueltos con mensajes contra la derecha neoliberal, Mauricio Macri y la deuda externa, pero todos sabían que la destinataria era otra, con la que no están dispuestos a pelearse porque saben que si ella sigue el enfrentamiento se queda con el 90% de la tropa que hoy los sigue.

Tan cuidadosos estuvieron que al editar todos los videos que saludaban a los participantes del plenario, el mensaje de Alberto Fernández fue reducido a ocho segundos. Ocho segundos no es nada, todos los saben. Le dieron menos espacio que a Sergio Massa o Wado de Pedro.

Sin embargo, el Congreso que recibió el nombre de Juan Valdovinos dejó en claro el inicio, también, de la emancipación política del Movimiento Evita, la UTEP y la CTEP y la CCC del Frente de Todos al anunciar la construcción de «un espacio político y social de los movimientos populares». «Queremos voz propia en el campo nacional y popular y ya no queremos ser espectadores de los acuerdos de otros», señalaron.

Es entonces cuando resuena la reflexión del ministro y de los dirigentes peronistas más experimentados. «En el velorio los muchachos están viendo qué se pueden llevar».

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